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Factor humano, lo que los algoritmos aún no pueden replicar en la asesoría financiera

Por Eduardo Yglesias Aspe Sanders, Director de Desarrollo de Asesores GBM

En un entorno financiero en constante redefinición por la geopolítica y la innovación, la tecnología se consolida como un catalizador clave de transformación. De acuerdo con proyecciones del Deloitte Center for Financial Services, para 2028 las aplicaciones habilitadas con inteligencia artificial generativa podrían ser utilizadas por hasta el 78% de los inversionistas, convirtiéndose en una fuente principal de asesoramiento. Ante este panorama, el rol del asesor financiero desempeña un papel significativo, ya que la tecnología potencia el alcance y la eficiencia, pero no reemplaza el valor insustituible de la orientación humana en la toma de decisiones financieras.

La digitalización ha democratizado el acceso a las inversiones, pero ha revelado una demanda de asesoría financiera que la tecnología por sí sola no puede cerrar. Según cifras de la firma J.D. Power, en Estados Unidos el 27% de los inversionistas que operan por su cuenta consideran contratar a un asesor en los siguientes 12 meses. Esta tendencia es más pronunciada entre las generaciones jóvenes, millennials y centennials, en donde el 37% busca contar con un asesor financiero. Dichas cifras son un claro indicativo de que, a medida que los inversionistas ganan experiencia, comprenden que el camino financiero es complejo y las herramientas digitales, aunque útiles, no son suficientes.

Si bien la inteligencia artificial y los algoritmos destacan en el análisis de datos, la optimización de portafolios y la automatización de procesos, existen aspectos clave que aún les son inaccesibles: como lo es la empatía. Un asesor financiero exitoso no solo entiende de números, también comprende el miedo, la incertidumbre y las aspiraciones de sus clientes. No se trata sólo de maximizar retornos, sino de ayudar a las personas a alinear sus finanzas con sus objetivos de vida, como la compra de una casa, la educación de sus hijos o un retiro estable.

El valor de esta orientación humana se ve reflejado en la percepción de los propios inversionistas. Una investigación de Vanguard reveló que, mientras usuarios de "robo-advisors" creen que su servicio les acerca un 5% a sus metas financieras, aquellos que trabajan con un asesor humano sienten que están un 16% más cerca. Esto se debe a que la confianza se construye con la conexión humana. Los clientes confían en la pericia de sus asesores para navegar en mercados complejos, se sienten escuchados y comprendidos, y esta conexión emocional es lo que les permite delegar mayor responsabilidad en sus portafolios. Los resultados son contundentes: la satisfacción de los clientes con asesores humanos es del 84% frente al 77% de quienes usan soluciones digitales de asesoría financiera.

Por otra parte, a pesar de los avances en el ecosistema financiero, en México aún tenemos un largo camino por recorrer en cuanto a la asesoría. Aunque en México contamos con cerca de 10 mil asesores autorizados por la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), la cifra aún queda muy por debajo de la de países comparables como Brasil, que con un mercado de tamaño similar ya suma más de 70 mil asesores. Esto resalta la gran oportunidad que existe para profesionalizar el sector.

El futuro de la asesoría financiera no plantea una disyuntiva entre humanos o tecnología, sino una sinergia en la que las herramientas digitales potencian y liberan al asesor para concentrarse en lo esencial: el factor humano. Las plataformas digitales son herramientas indispensables que automatizan tareas administrativas, permitiendo a los asesores dedicar más tiempo a comprender a sus clientes, educarlos y guiarlos a través de decisiones cruciales. Es un modelo que busca combinar el potencial de la tecnología con la experiencia y la sensibilidad de profesionales altamente capacitados.

En este nuevo ecosistema, el rol del asesor se transforma en el de un verdadero "coach financiero" y un socio estratégico que ayuda a las personas a navegar por su vida financiera, con empatía, conocimiento y confianza. Después de todo, las decisiones monetarias son, en esencia, decisiones de vida, y en este camino, los algoritmos siempre serán una herramienta.