Inversiones, la asignatura pendiente.

2 de cada 10 adultos en México dicen tener mucha confianza en su capacidad para planificar su futuro financiero

Por: Herminio Padruno, Director de Expansión de GBM Advisors

Resulta revelador que sólo alrededor de 2 de cada 10 adultos en México dicen tener mucha confianza en su capacidad para planificar su futuro financiero. Así lo muestra la más reciente Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI), un dato que evidencia una brecha importante en la relación que las personas tienen con el dinero y con su futuro económico.

La desigualdad en educación financiera está ligada, por supuesto, a los distintos niveles de ingreso, pero también refleja un componente cultural. En México, para muchas personas el conocimiento financiero llega de forma fragmentada y, en muchos casos, solo después de cometer errores o enfrentar problemas relacionados con el manejo del dinero.

En los últimos años ha habido esfuerzos públicos y privados importantes para impulsar la inclusión financiera, principalmente desde el ahorro y la planeación. Sin embargo, aunque 76.5% de los adultos ya cuenta con algún producto financiero formal en México, esa penetración todavía no se traduce en una verdadera cultura de inversión.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, apenas 3.4% de los adultos tiene un depósito a plazo fijo o un fondo de inversión. Para muchos mexicanos, el acercamiento más común al mundo de las inversiones sigue siendo la afore, ya que alrededor de 42% cuenta con una.

El problema es que, aunque las afores representan un avance enorme en términos de ahorro para el retiro, para la mayoría de las personas siguen siendo el único punto de contacto con las inversiones. Eso limita la comprensión del verdadero potencial que tiene invertir de forma constante y estratégica para construir patrimonio y libertad financiera en el largo plazo.

Hoy existen más cuentas de inversión y mucho mayor acceso gracias a las plataformas digitales. Los productos financieros son cada vez más accesibles y democráticos. Pero el acceso, por sí solo, no resuelve el problema de fondo.

Las personas necesitan herramientas, conocimiento y contexto para acercarse a las inversiones con claridad y visión de largo plazo. De poco sirve abrir más puertas si no existen las bases para entender conceptos tan básicos como registrar gastos, hacer un presupuesto, construir hábitos de ahorro o comprender cómo se relacionan el ahorro, la inversión y los objetivos de vida.

La falta de alfabetización financiera también alimenta la desconfianza hacia las instituciones formales. Por eso muchas personas siguen recurriendo a mecanismos como guardar dinero en casa, usar sobres o participar en tandas. Son prácticas

comunes y entendibles, pero que muchas veces ignoran dos factores fundamentales: el impacto de la inflación y el poder del interés compuesto en el tiempo.

En este contexto, la figura del asesor financiero cobra una relevancia cada vez mayor. Más allá de administrar inversiones, un buen asesor puede ayudar a transformar incertidumbre en un plan estructurado y acompañar a las personas en decisiones financieras complejas.

Pero para que esa relación realmente funcione, la educación financiera también tiene que avanzar. El asesor puede diseñar la estrategia, pero entender conceptos básicos permite que las decisiones se tomen con mayor claridad y convicción, y no únicamente por inercia o dependencia.

La asesoría y la educación financiera deberían avanzar de forma paralela: una aporta dirección y estrategia; la otra, entendimiento y autonomía.

De acuerdo con la CNBV, el nivel de alfabetización financiera en México —entendido como la combinación de conocimientos, habilidades y comportamientos necesarios para tomar decisiones financieras sólidas— todavía se encuentra en un nivel intermedio. Eso deja claro que aún queda mucho trabajo por hacer.

Cerrar esta brecha requerirá un esfuerzo coordinado entre hogares, escuelas, instituciones financieras y autoridades. La educación financiera no puede depender únicamente de campañas aisladas o iniciativas individuales.

Solo a través de una mayor educación, acompañamiento y acceso a herramientas adecuadas será posible que más personas aprovechen el potencial de las inversiones y construyan una relación más sana y estratégica con su dinero.